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La Coctelera

Aventuras en Middlebury College

Vivir para ver.

1 Agosto 2005

Cuentos de Nuevo Mexico

Era sábado en Santa Fe, un día normal, en retrospectivamente lo creí esto. Estaba afuera tomando un café con leche y enamorada de los colores brillantes del sol, cuando mire alguien en una mesa de mi restaurante favorito, Extranjero. El hombre estaba sentado solo en una esquina de unos de los cuartos mirando las ristras colgadas cerca de las ventas. Pero, pareció que estaba en su mundo propio con sus pensamientos. Me note que llevaba ropa veja pero limpia y pareció que he visto días muy duro en su vida. Ahora, no recuerdo exactamente que agarro mi atención en principio, pero cuando me ve su caja, no pude dirigir mis reflexiones de él. Tenía ojos morenos como la tierra de Nuevo México y su piel con arrugas finas que hablaba de trabajo duro, el mismo trabajo que sus antepasados hicieron cuando estaban viviendo en este país antes de que se llamara los EEUU. El hombre, el Señor, era una persona con una vida llena de cuentos.

Desde este día, no puedo decir la razón ni donde hallo el valor para hablar con él Señor. Empecé a caminar a la mesa para hablar con él, cuando lo vi su gorra con letras que dijo, “Veterano del Segundo Guerra Mundial.” A él mi vio con ojos con tanta historia y un alma que explicó sin palabras que la gorra era un chapa de honor. Esto aprendí la luz de curiosidad y respecto. Decido a este momento que voy a hablar con él si le quiere hablar conmigo. Los segundos parecerían que estaban tocando el tiempo como horas durante mi corto viaje a su mesa. ¿Por qué estaba tan nervosa? No hay razón racional pero no obstante la emoción ya estaba fuerte y mi corazón que habló en voz muy alto y violente para recordar me. El viaje ya empezó.

Sus ojos encontraron a míos y creo que él tenía el mismo sentimiento de curiosidad. ¿Por qué esta niña quiere hablar conmigo? Sin embargo y sin duda, me preguntó si quiera sentar con él y tomar un café. Cuando yo sentí, era como conocí a este Señor por todo mi vida. Di una sonrisa al Señor que le volvió rápidamente y tome mi silla en el otro lado para ver sus expresiones. Ambos estábamos encantados para encontrar una al otro y con eso me dio su nombre propio, Catarino. Respondí, encantaba Señor Catarino y era la verdad porque yo sabia que este encuentro va a cambiar mi vida, un día inolvidable.

Las primeras palabras, no puedo recordar, no llevan la importancia pero el sentido durante nuestra conversación vale más que puedo expresar. Catarino contó sobre los días de su juventud cuando a el gustaba nadar en el Rió Grande y su madre gritaba a él que La Llora va a agorarle y llevarle a el rió si él no regresó pronto. Habló sobre sus padres, hermanos, y su primero amor cuando lo vi las lágrimas en los ojos morenos. Me tome su mano en mío para decir que el estaba con una amiga y como la lluvia llegue de repente en Nuevo México, la ambiente cambio. Me senté con Catarino durante la lluvia de sus lagrimas hasta a él me explicó.

Cuando era joven conoció una chica muy linda que se llamaba Gregoria. Inmediatamente estaban amorradas desde primera vista. Como los jóvenes hagan, siempre estarían juntos. No pueden ver uno sin el otro y todo en la vida era perfecto hasta un día fatídico que vive en infame, el día de Pearl Harbor. Catarino era un vaquero y caballero y sin duda ingresó en el ejército. Esto acto era que toda su familia ha hecho desde sus primeros pensamientos sobre que era para hacer un ciudadano de los EEUU. El honor para defender su país propio era una privilegió y él no pueda quedar en Nuevo México sin ayudar sus compatriotas. Con estas noticias, Gregoria lloró porque ella sabía que no tenía el derecho para pedir si él puede quedar con ella.

Mientras años pasaron, Catarino no le dio cuenta que La Guerra estaba robando el tiempo y pedazos de su alma hasta todo terminó. Durante este tiempo, él estaba trabajado como enfermero en las fronteras y después en los hospitales ayudan los soldados que estaban tratando agorar la vida como las ristras de chile en Nuevo México. La vida para proyectar su país era pesada pero aguantó porque era su responsabilidad. Cansado y confundido, con su contracto terminando en su mano regresó a Nuevo México para buscar si hay algo para salvar de su vida antes de la guerra.

Cuando llego, silencio, nada excepto el viento de polvo de la tierra del estado que llenó el espacio entre él y la casa de sus padres. No sabia si sus padres estaban vivos o no, pero Catarino tuvo que tocar la puerta y esperar. Su madre que era tan linda en su memoria antes de la guerra, abrir la puerta. Ella estaba muy delgada con cabello con canas aumentando encima de una cara que él recorrido de su niñez. Él me dijo que comió sopapillas con miel como era niño y se durmió como la muerte. Mientras la noche, se despertó con los imágenes dos los soldados y no podría dejarlos en sus sueños. La guerra llegó con él como la noche sigue el día. Todo cambió y Catarino dio cuenta que la vida que tenia mundos pasado nunca va a regresar.

Yo estaba sentada sin movimiento esperando todo que él estaba contado sobre su vida. Sus cuentos sonaban como una obra de historia de nuestro estado y de nuestro país. Lentamente, se levantó su cara a el cielo y miró a el deserto para arrebatar la vista como hay un llama de esperanza afuera y me dejo, “Si, es verdad que perdí mucho para ayudar en la guerra pero estoy orgulloso que tenia la oportunidad para hacerlo. En cambio, en la guerra, en realidad, nadie gana porque todos perdieron un parte de ellos mismos para sobrevivir todos. Siempre hay un precio que tenemos que pagar porque todo cuesta.”
Hasta este día, sus palabras están vibrantes en mi memoria.

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Mi nombre es Julia y soy de un pueblecito que se llama Monterey en el estado California. Mis padres llaman Francisco y Eva y viven en Nuevo México. Tengo dos hermanos, Javier y Flavio, que tienen 25 y 27 años de edad. No puedo olvidar mi tortuga, Precioso, porque el es un parte de nuestra familia también. Ahora, estoy estudiando española por el primero vez en una universidad que se llama Middlebury y creo que voy a tener un viaje fantástico.

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